El mapa decía media hora hasta la cumbre, pero la visibilidad cayó a pocos metros. Elegimos volver al valle, tomamos té caliente y escuchamos al guarda explicar corrientes de aire. Aprendimos que aplazar también es avanzar, y que la serenidad salva energía, piel y ganas para el siguiente amanecer despejado.
En una aldea italiana, una familia abrió su cocina. Entre cucharones de ragú y pan recién hecho, reímos con gestos, mezclamos idiomas y brindamos con agua de la fuente. La hospitalidad desarma cansancio, nivela diferencias y recuerda que caminar también es pertenecer, incluso cuando el mapa insiste en fronteras.
All Rights Reserved.